“La preocupación agobia a la persona; una palabra de aliento la anima.”

Proverbios 12:25


¿Estás preocupado por tu salud?

¿La idea de comenzar otra dieta o comenzar un nuevo programa de ejercicios te da ansiedad?

El estrés puede ser algo bueno cuando te motiva a perseguir un cambio de vida positivo pero el estrés no productivo puede producir efectos secundarios negativos. Sé que mi propia salud (o la falta de salud) ha producido cierta ansiedad en el pasado. Algunos de nosotros incluso nos inquietamos por estar ansiosos. Todo el mundo suele experimentar cierto miedo o nerviosismo cuando se encuentra con una variedad común de situaciones en la vida, y luego anticipa el posible resultado. La ansiedad es causada principalmente por factores externos en nuestras vidas (por ejemplo, complicaciones en el trabajo o la escuela, tensión en una relación con tus hijos o incluso con tu cónyuge). Sin embargo, estos factores estresantes también pueden originarse internamente. Si tienes mala salud, si tienes sobrepeso o no estás satisfecho con tu imagen corporal entonces hay una gran probabilidad de que produzcas intensos sentimientos de preocupación o ansiedad y estos sentimientos están afectando negativamente tu salud.


LA ANSIEDAD PRODUCE UNA SALUD DEFICIENTE

La ansiedad y la incapacidad para manejar adecuadamente el estrés es lo que me llevó a ser diagnosticado con una enfermedad crónica en 2009. Pensé que era saludable, me veía saludable y entonces ¡sorpresa!  De la nada…. enfermedad crónica.

Piénsalo, tu cuerpo responde a la forma en que piensas, sientes y actúas. Es posible que hayas notado que eres más vulnerable a la enfermedad cuando inusualmente experimentas altos niveles de estrés y ansiedad en tu vida; todos hemos estado ahí. La presión aumenta a medida que se acerca el día de tu boda, una entrevista de trabajo que tienes en vista o esa gran presentación que has estado preparando durante meses. La ansiedad se acumula, tu estómago se agita, las manos te sudan, tu cara se pone roja e incluso puedes sentir náuseas. Por lo tanto, no debería sorprender que un grado significativo de estrés produzca altos niveles de ansiedad; en consecuencia, produce una salud física deficiente.

Estudios en el campo de la neurociencia sugieren que con cada pensamiento tu cerebro libera sustancias químicas que lo hacen sentir bien o mal. La presión arterial alta o una úlcera estomacal pueden desarrollarse después de un evento estresante. El estrés crónico debilita el sistema inmune de tu cuerpo. El estrés también se ha visto implicado en enfermedades cardíacas, hipertensión e incluso cáncer. El estrés crónico puede agotar tu bienestar emocional y se ha relacionado con la depresión y la enfermedad de Alzheimer.

Lo siento por las malas noticias. ¿Alguien al borde de un ataque de ansiedad? Si no, sólo sigue leyendo… El estrés y la ansiedad están íntimamente relacionados con tu dieta.

El estrés, ya sea fisiológico o psicológico, puede interrumpir el control de peso mediante la liberación de “hormonas de estrés”, tal como la adrenalina, para preparar al cuerpo y asî sobrellevar el estrés. Según Brenda Davy, profesora asistente de nutrición humana en la Universidad Tecnológica de Virginia, “las hormonas del estrés pueden aumentar el almacenamiento de grasa corporal en el área abdominal”. Las hormonas interfieren con la respuesta de otra hormona, el glucagón, que actúa como un mecanismo de control cuando el cuerpo produce demasiada insulina.

El estrés y la ansiedad crónica pueden mermar sus niveles de serotonina (un neurotransmisor que regula el estado de ánimo). Estos bajos niveles de serotonina no sólo causan depresión, sino que también pueden desencadenar antojos de dulces y otros alimentos.

Créelo o no, la época del año también puede afectar tu apetito. Muchas personas se deprimen a finales del otoño y en el invierno, cuando hay menos luz solar y tienden a comer más. Esta condición se llama Trastorno Afectivo Estacional (TAE), algo definitivamente triste.

El estrés también agota las reservas de combustible del cuerpo y crea hambre mientras que la falta de sueño complica este síndrome. Cuando estás estresado y no duermes lo suficiente, tus niveles de cortisol aumentan. Estudios han demostrado que privar a los humanos del sueño aumenta tanto su apetito como el consumo de alimentos.


Como dejar de preocuparse

1. Ponga sus prioridades en orden. Nuestra cultura está híper saturada con personas que se vuelven locas por su comida. La gente solía entrar en pánico acerca de si iban a comer algo, pero ahora nos preocupamos por la calidad de vida que vivía la vaca antes de que la vayamos a comer. No estoy sugiriendo que no deberíamos preocuparnos por la calidad de nuestra comida porque a mí un poco me importa, pero toda tu preocupación y ansiedad sobre tu deseo de comer la dieta perfecta sólo te llevará finalmente por el camino de la mala salud. Confía en mí, no vale la pena.

2. Date cuenta de que la preocupación no ayuda. Cuando miras hacia atrás en las estaciones y momentos difíciles de tu vida, ¿alguna vez pensaste para ti mismo, “no creo que hubiera sobrevivido a esa experiencia si no estuviera tan ansioso?” Probablemente no.

3. Come correctamente. Comienza con esta guía simple de alimentación.

4. Ejercita regularmente. El ejercicio moderado puede mejorar el estado de ánimo en personas deprimidas.

5. Descansa bien. No siempre es la cantidad de sueño, pero la calidad lo que cuenta.

6. Mira a Jesús. Él ve, sabe y a Él le importas. Él es comprensivo y nunca te dejará ni te abandonará.


“Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.”

Filipenses 4:5-7


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